Las empresas también necesitan emprendedores
Por: María José Calvimontes C. * 7 March, 2009
Cuando se habla de emprendimiento se tiende a pensar sólo en personas que trabajan de manera independiente y que, en las más diversas circunstancias, ponen en marcha un negocio. Muchas veces, incluso, se hace tal diferenciación entre “ejecutivos” y “emprendedores” que pareciera que son “especies” completamente distintas. Pero eso está lejos de la realidad.
Si bien no todos los trabajadores de una empresa deben tener las cualidades de un emprendedor (y está bien que así sea), la presencia de algunos individuos con “disposición a intentar ese camino que nadie había intentado antes, a establecer nuevos rumbos, a superar las dificultades que se presenten, a perseverar ante la adversidad, a levantarse después de cada caída con el objeto de alcanzar un sueño”, como enumera Humberto Berg, consultor internacional, es vital para cualquier compañía que quiera salir airosa en la lucha diaria con sus competidores.
Como afirma Berg, el espíritu emprendedor “es una forma de vida”. Se tiene y cultiva más allá de las condiciones de trabajo, de que éste se realice fuera o dentro de una empresa. Ese espíritu es el que da el impulso que toda organización necesita para funcionar y, por eso mismo, no puede depender exclusivamente de la actitud del gerente general.
Siempre, pero sobre todo en periodos difíciles, las compañías necesitan ejecutivos líderes, cuya visión y motivación contagie al resto. El desarrollo de nuevas ideas, de mejores formas de resolver los problemas de todos los días, la optimización de recursos en la ejecución de tareas, la redefinición de procedimientos… son acciones que sólo una “mente emprendedora” puede llevar a cabo con verdadero éxito dentro de una empresa. Sin embargo, no todas las empresas aprovechan la gran oportunidad que es tener a emprendedores “nativos” dentro de ellas. Para hacerlo, deben alentar la iniciativa, premiar la innovación, fomentar la participación, reconocer el mérito.
“Las personas necesitan que su vida tenga sentido y destino. Necesitan que aquello a lo que destinan su tiempo tenga alguna razón de ser que los motive a actuar. Necesitan formar parte de algo, un algo con significado, y no ser sólo un engranaje absolutamente desconectado del resto de las piezas”, asegura Berg. Eso vale tanto para los emprendedores como para los que no lo son. Pero son los primeros los que lo hacen posible.









